La Memoria, las medallas, el más solemne homenaje a nuestros compatriotas que acabaron en los campos de concentración nazis por defender la libertad ha tenido que llegar, nuevamente, desde fuera de nuestras fronteras. La República francesa ha dado un paso más en su reconocimiento al sufrimiento y el heroísmo de aquellos más de 9.300 españoles que penaron y murieron entre las alambradas electrificadas de Dachau, Auschwitz, Buchenwald y, sobre todo, Mauthausen.
A este último infierno llegó Ramiro Santisteban en agosto de 1940, acompañado por su padre, Nicasio, y su hermano Manuel. Los tres sufrieron vejaciones, palizas y vieron perecer a manos de los SS a decenas de compañeros y amigos. Afortunadamente, los Santisteban lograron esquivar la muerte, aunque Nicasio alcanzó la liberación tan