En horario de máxima audiencia, el presidente francés, François Hollande, demostró este domingo en televisión que hay formas y formas de pilotar las crisis y de aplicar la nueva religión europea del rigor y la austeridad. El jefe del Estado francés recuperó la iniciativa política y presentó un ajuste a dos años, “una agenda para recuperar el país, el empleo, la competitividad y construir una sociedad más humana y solidaria”. El recorte será de órdago: 33.000 millones solo en 2013, a repartir en tercios iguales entre los hogares más ricos, las empresas y todos los ministerios salvo Educación, Justicia y Seguridad. Hollande reclamó a “los más ricos” que “demuestren su patriotismo”, confirmó que aprobará la simbólica tasa del 75% para los ingresos superiores al millón de euros limitada a dos años, y criticó a Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia, por pedir la nacionalidad belga “en un momento así”.
A los cuatro meses de llegar al poder, Hollande afronta una situación dura: la prensa ataca cada día, las encuestas son cada vez más negativas, el paro galopa, la economía