lunes, 12 de mayo de 2014

Homenaje a los republicanos en el puerto de Alicante

Año de la memoria 2014, setenta y cinco después de los hechos terribles con que empezó el fin de la guerra civil, la resistencia armada contra los militares golpistas amparados por las élites nacionales e internacionales que necesitaban reforzar sus privilegios. Un comienzo que se simboliza en el puerto de Alicante, la última plaza tomada por los insurrectos. El fin de la guerra se prolongó como pronosticaron los hechos recordados en el muelle de levante del puerto alicantino. La primavera tramposa de 1939 introdujo a miles de personas en el más crudo y largo invierno.

En el aniversario de la derrota final de un proyecto democrático interrumpido por la implantación del terror como sistema de aprendizaje, hay que recordar los hechos puntuales y la larga continuidad que tuvieron. Para conseguir el triunfo y la persistencia de los valores y la opresión generalizada que inundó España, se usaron desde el primer momento, en todas las plazas que se fueron conquistando, los campos de concentración, las cárceles, como lugares de encuentro segregado por sexos. Enseguida se utilizaron también las escuelas, las iglesias, los campamentos juveniles... Instrumentos y maneras que marcaron muchas vidas durante cuarenta años con los obligados efectos de largo alcance.

Han pasado siete décadas y media desde los hechos acaecidos en 1939 en este escenario que hoy, de nuevo, nos congrega. Primero fue el silencio. O más bien los susurros con los que, entrecortadamente, se fueron conociendo nuestra propia historia. Quienes pudieron escapar a estas formas de represión, de ignominia, de acallamiento, fueron escribiendo los capítulos de nuestra historia oculta que sólo en las últimas dos décadas ha empezado a mostrarse. A mostrarse y a ocultarse, con vaivenes desiguales.

Tiempo de primavera y de memoria, año de la Memoria con mayúscula, ocasión excelente para avanzar por el largo camino de la construcción de nuestra historia local, de las comarcas del sur, de la sociedad española. Los pueblos de España han vuelto a palpitar, año tras año, celebración tras celebración, con el corazón y las heridas de los que se fueron sin testimonio, a no ser el de su cautiverio, el de su muerte. Pocos años todavía en los que se ha comenzado a desvelar los horrores del largo y oscuro período de la dictadura Franquista.

El pueblo no ha olvidado, y sigue despertando convocado a expresar sus testimonios, a construir memoria, a rechazar la reproducción de la barbarie que ya asoma de nuevo. Para evitar así que se cumpla “el objetivo de los poderosos de todas las épocas como pronosticaba Rodolfo Walsh: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Año de la Memoria tejido con tantas memorias, desde dentro y desde fuera de esta España confusa, contra el silencio, contra la estupidez. Tiempo éste de los mayores y los jóvenes, tiempo de mantener y alimentar una antorcha que debe iluminar la vida tenebrosa hacia la que parece conducirnos la resurrección de la barbarie. No hay que dejar paso a la juventud, hay que caminar con ellos, codo con codo, verso con verso, pasión con pasión, razón y lucidez, coraje, trabajo, fuerza. Las distintas asociaciones que han ido mostrando su trabajo desde finales de los ochenta bajo el nombre de Comisión cívica para la recuperación de la Memoria, han recogido ese esfuerzo de muchos hombres y mujeres conocidos y reconocidos, y tantos otros, muchos más, anónimos si bien recordados en el homenaje repetido cada año a propósito de estos aniversarios.

Todos los que la sostienen este esfuerzo desde ayer y con los que la sostendrán mañana, están escribiendo un capítulo más de todos los que, desde fuera, exiliados, y desde dentro, en el exilio interior de la España Franquista, más tarde de la España democrática, fueron iluminando los tiempos vacíos de nuestros recuerdos. Ese coraje que han acumulado llega desde la resistencia, la insistencia, la constancia fiel de muchos ya desaparecidos y de otras y otros todavía vivos y activos.

El soporte imprescindible que ha facilitado el trabajo de los más renombrados y todos los que hoy, semana tras semana tejen los hilos que muestran en estos días la solidaridad materializada ya, por fin, en el monolito instalado en el puerto de Alicante. Es un modesto colofón conseguido tras los homenajes anuales en el humilde nicho 1009 del cementerio de Alicante (“Miguel Hernández. Poeta”), en la cárcel de Benalúa donde se plasmó el homenaje a los poetas del sacrificio, en el Instituto de bachillerato al que pusieron el nombre de Miguel Hernández que ha alcanzado ya una presencia en el nuevo edificio. Luego ha llegado el reconocimiento de los espacios ocultados: el campo de Albatera, la posición Yuste y Dakar, la fosa y las sepulturas del cementerio de Alicante...

Como colofón e inicio del año de la Memoria, contra la falsa historia del año de la Victoria fascista, aquí hoy, en este puerto tuneado, maquillado, por fin su memoria queda recuperada de forma expresa en esta placa que hablará al pueblo de Alicante y a todos sus visitantes de los hechos ignominiosos que tanto ha costado recordar. La memoria continúa, la Comisión cívica para su recuperación también e invita a todos, en especial a los jóvenes, a unirse a sus trabajos, ampliarlos, difundirlos para frenar con ello la renovación de la barbarie.

Por una España verdaderamente moderna, laica, culta, igualitaria, por su definitiva normalización democrática, y por el progreso armónico del bienestar de todos sus ciudadanos en la que veamos el fin de la “Gallina ciega”, en la que tan lúcidamente Max Aub describe las consecuencias de haber dejado en la cuneta los cuerpos, los pensamientos, las creaciones, la libertad... que han de volver en los brazos de nuestra esperanza, la misma que alimentó a quienes continuaron la resistencia en forma de guerrilla provocando nuevos partes de guerra durante años, después del aparentemente definitivo parte del 1 de abril de 1939.

Éste es el poema de amor, muerte y esperanza por la justicia, encontrado en los últimos días de este mismo año entre los papeles polvorientos del archivo de la democracia de la Universidad de Alicante:

A los dioses que se alejan

Iré a morir al monte
con el saco repleto de tus ausencias
con el cáliz amable de mis tristezas.

Tú no estarás, como nunca has estado.
Los silencios lejanos nos aniquilan.
Las palabras cercanas nos resucitan
Aún tan escasas.

Voy al monte querido,
la mar y el firmamento,
los pájaros y los insectos,
las plantas semivivas.

En el monte te espero,
ya para nunca.


Fuente: Periódico Diagonal

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